Una historia de legado, vino y visión que nació del amor y florece en el Priorat
En las colinas agrestes del Priorat, donde los suelos de pizarra imprimen mineralidad a los vinos y el paisaje habla de esfuerzo y belleza, Merche Dalmau ha sabido construir un proyecto sólido, sensible y profundamente humano. Clos Galena no solo es una bodega con vinos reconocidos internacionalmente, sino el legado vivo de Miguel Pérez, su fundador y esposo, cuya pasión por el vino transformó su vida y la de quienes lo rodeaban.
“Esto es un proyecto que inicié junto a mi marido, Miguel Pérez, un apasionado del mundo del vino. Esa pasión me la contagió y la compartimos durante muchos años”, dice Merche con la serenidad de quien ha vivido el vino desde la raíz.
Miguel, farmacéutico de formación e ingeniero agrónomo por vocación, descubrió en el Priorat un terroir ideal para desarrollar un vino con identidad, elegancia y, sobre todo, compromiso ecológico. “Desde un inicio, quisimos hacer vinos más saludables, con una viticultura respetuosa con el medio ambiente, porque creemos que el vino también puede contribuir a dejar un mundo mejor”, explica Merche.

La bodega fue una visión que Miguel convirtió en realidad con enorme esfuerzo, dedicación y visión. Pero el destino quiso que ella tuviera que tomar las riendas antes de lo esperado. “Cuando Miguel falleció, tuve que hacerme cargo de todo: la bodega, la farmacia, nuestras hijas pequeñas… No fue fácil. Pero seguir adelante con Clos Galena fue una manera de honrar su memoria y continuar su sueño”.
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Hoy, la bodega produce vinos ecológicos que llegan a más de 25 países, con reconocimientos en los más exigentes concursos internacionales. En 2017, uno de sus vinos fue elegido para la cena de gala de los Premios Nobel, marcando un hito para el Priorat y para el vino catalán. “No sabía lo importante que era hasta que vi las fotos de la reina y la princesa con nuestras botellas. Fue emocionante, no solo por el reconocimiento, sino porque era la primera vez que un vino del Priorat estaba presente… y además, de una bodega dirigida por una mujer”.
La vinícola también ha apostado por unir el vino con el arte. Desde hace más de una década, colaboran con artistas catalanes para crear etiquetas, cajas pintadas a mano y exposiciones que han viajado desde Reus hasta Nueva York y Shanghái. “El vino, como el arte, transmite emociones. Queríamos que nuestras botellas no solo llevaran buen vino, sino también una historia, una emoción, un homenaje al territorio y a las personas que lo hacen posible”.

Una nueva generación, una misma visión
Desde hace un año, Cristina, la hija mayor de Merche, se ha incorporado al proyecto. Formada en administración de empresas y con experiencia en la industria, ha comenzado a estudiar enología y a prepararse para liderar una nueva etapa en la bodega.
“Cristina me ha dado un nuevo impulso. Me emociona verla ilusionada, involucrada, aprendiendo y aportando su mirada. Este viaje a México, por ejemplo, es nuestro primer viaje de trabajo juntas, y tiene un valor muy especial para nosotras”, confiesa Merche.
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Cristina añade: “Crecí escuchando sobre la bodega, pero no fue hasta que empecé a trabajar aquí que entendí la magnitud del proyecto. Vengo del mundo corporativo, pero en una empresa familiar como esta puedes ver cómo cada decisión tiene un impacto directo. Eso me motiva mucho”.
Clos Galena celebra su 25 aniversario con una edición especial de su vino Formiga. “Es un vino muy simbólico para mí. Representa todo lo que hemos superado y todo lo que hemos construido. Es único e irrepetible. Como esta historia”.
El recuerdo de Miguel sigue presente en cada cepa, en cada barrica, en cada decisión. Pero lo que impulsa el futuro es la convicción de que el vino puede ser más que una bebida: puede ser cultura, memoria, familia, naturaleza, arte, esperanza. “Lo que hacemos no es solo vino. Embotellamos el territorio, el esfuerzo, los sueños. Embotellamos momentos. Y eso… eso sí que perdura”.
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