✒️: Alexandre Martinelli-Castets
¿Sabes cómo se transporta ese vino que tanto te gusta? De la vinícola a la mesa hay un camino largo que recorrer, aquí te contamos de la importancia de considerar este proceso
¡Nunca habíamos tenido acceso a vinos tan excepcionales como hoy! Esto se debe a la evolución en el manejo de los viñedos, el trabajo del viticultor y el enólogo, así como a avances científicos que han optimizado el cultivo de las uvas. Sin embargo, hay un factor esencial en la calidad del vino al que pocas veces prestamos atención: la logística.
“Logística” no es una palabra elegante en el mundo del vino, pero sin ella, ni el mejor viticultor ni el enólogo más reconocido podrían garantizar que su vino llegue en perfectas condiciones al consumidor.
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Desde tiempos antiguos, el vino ha surcado mares y ríos, siendo clave en el comercio. Los fenicios monopolizaron su transporte en el Mediterráneo en el siglo II a.C., utilizando barcos como la gôlah y el ánfora, que protegía el vino de la oxidación. Con los romanos, el consumo se masificó gracias a los dolias, grandes recipientes de cerámica de hasta 2,500 litros.
Posteriormente, los españoles, franceses y portugueses llevaron vides a América, Sudáfrica y Australia, consolidando la expansión de la viticultura. En los siglos XIX y XX, el transporte del vino evolucionó con innovaciones como el vagón cisterna y el buque pinardier, especializado en vino a granel.

La logística del vino hoy
Los productores, grandes o pequeños, deben gestionar inventarios, embarques y garantizar el cuidado del producto en su transporte. Lo mismo ocurre con los importadores, quienes deben asegurar su conservación.
En este contexto, BSM Forwarding se ha consolidado como un agente logístico líder en México, especializado en el transporte de vinos. Mientras los Grand Cru se envían por avión, el transporte marítimo sigue siendo la opción principal para la mayoría de los vinos. Pero, si todos los contenedores parecen iguales, ¿cómo se preserva la calidad del vino?
Cinco factores esenciales influyen en la logística del vino. Primero, la seguridad y trazabilidad: contar con métodos de protección que minimicen riesgos. También, la evolución del sabor, pues las condiciones de traslado pueden alterar el perfil del vino. Un ejemplo es el jerez, que en el siglo XVIII adquiría nuevas características aromáticas por el calor y movimiento de los barcos. Hoy, hay experimentos con conservación bajo el agua, y podrían surgir innovaciones que generen nuevas experiencias sensoriales.

Otro punto clave es el control de costos, tanto financieros como ambientales. La relación calidad-precio del vino puede verse afectada por los gastos logísticos, y la sustentabilidad es una preocupación central. BSM ofrece soluciones para compensar la huella de carbono, un factor clave considerando el impacto ambiental de importar una botella desde el otro lado del mundo.
Asimismo, la logística influye en la estrategia de marketing. Algunos distribuidores destacan las condiciones de almacenamiento y transporte como parte de su propuesta de valor. Finalmente, la experiencia del consumidor es determinante. Un vino sometido a choques térmicos pierde calidad en comparación con uno transportado en condiciones óptimas, lo que influye en las decisiones de compra.

Conforme la industria del vino se vuelve más exigente, la transparencia y digitalización cobran mayor relevancia. Desde la viña hasta la degustación, cada etapa puede ser rastreada, integrando almacenamiento, envejecimiento y transporte a la identidad del vino. A lo largo de la historia, la logística ha sido clave para la expansión del vino. Hoy, en un mundo interconectado y con una creciente demanda de calidad y sustentabilidad, se consolida como un pilar fundamental para el futuro de la industria vinícola.
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