La vida presurosa nos ha orillado a dejar de lado las emociones en las actividades cotidianas, lo que obliga a pasar a un segundo plano los momentos más ricos hasta convertirlos en actividades que se cumplen por mera necesidad.
Pero uno de los actos que procuramos disfrutar, a pesar de vivir con prisa, es el momento de sentarse a la mesa. Si bien la cocina es el resultado de siglos de experimentación y perfeccionamiento de técnicas culinarias, también se volvió una relación estrecha entre el ser humano y los ingredientes que provienen de la misma tierra que habitan.

El lazo que une a las personas con la cocina se ha hecho más fuerte durante los años, y ha permitido creaciones sublimes que han sorprendido durante generaciones. Hoy es el momento de celebrar esta cercana amistad con la cocina mediante aquellos establecimientos que buscan realzar el valor de la experiencia gastronómica para volver a lo más esencial: las sensaciones que nos ligan a los alimentos.
La magia enológica de la sustentabilidad
Esta propuesta permite entender el detallado e histórico proceso de una receta y el origen de cada elemento que la conforma, abrazando cada imperfección.
La tendencia evidencia la personalidad que han tomado los platillos populares y agradece el apoyo de los productores y distribuidores, que son vitales para la preparación de alimentos.

Desde el gran y caleidoscópico mole, la cálida tranquilidad de un estofado, pasando por la frescura de una ensalada mixta, hasta la complejidad de una salsa de molcajete, se presentan en boca armonizados de forma creativa con vinos, cocteles y otras bebidas que resaltan partes distintas de lo que encontramos en la mesa.
El constante cambio y la globalización, fueron el primer paso para la profesionalización en las cocinas. La forma de pulir las técnicas y aventurarse con los ingredientes dieron lugar a la alta cocina que en la actualidad sigue siendo de gran valor.
¡Organismos vivos en la comida!
La fuerte escuela europea, la innovadora construcción de las propuestas del Nuevo Mundo y los exponentes de cada país, levantaron un concepto que provocó un cambio en lo rico y en lo cotidiano. Entender la cocina desde esa altura, también permitió apreciar el cariño y la pasión que se involucran en todo horno, sartén y cuchara.
Cada momento fue necesario para comprender que compartir los alimentos con alguien más es invaluable, y que la atmósfera influye en la forma de alimentarnos. Todo en el ambiente, desde la arquitectura, el diseño de interiores, la vajilla y las propias mesas, están dedicados a una experiencia más focalizada, al apoyo de artistas con valores e ideales congruentes con lo que la mesa entrega y que, aunque está dedicada a grupos más pequeños de comensales, logra entregar un mensaje profundo.

Al mismo tiempo, agradecer a la cadena productiva completa se ha vuelto una forma de reconocer lo que comemos. Los restaurantes lo saben, por ello cada vez han incrementado la colaboración con proveedores sustentables, locales y orgánicos, como una manera de garantizar los productos desde el inicio.
El comensal también ha cambiado con los años: las exigencias son distintas y no se basan solo en un buen sabor. La conciencia por las situaciones ambientales y sociales, ha sido el giro más importante para la industria, que atiende a un público informado que toma decisiones, incluso por el momento y las personas que lo rodean.
Así, la experiencia que se busca en un establecimiento requiere que los alimentos transmitan sensaciones adecuadas a cada ocasión, tiempo del día y hasta el clima… motivo que hace evidente la existencia de una relación íntima con la cocina que comienza a formarse desde la primera infancia, en aquel primer bocado que nos cambia desde adentro.
La calidad sobre la cantidad es la estrategia en tendencia que rescata esa relación reservada y familiar con la cocina, una camaradería que se entreteje con cuidado desde que nacemos. Bocados de memoria y aventura que se nos presentan con respeto y dedicación desde la cocina ponen en evidencia de que, sin duda, lo que dice el dicho es cierto: quien te quiere te alimenta.
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