Talavera, conventos, cocina poblana y maíces criollos construyen un recorrido donde el verdadero lujo está en descubrir el territorio a través de la cultura y sus sabores.
Por Arturo Velázquez Horta.
Puebla tiene una manera particular de contar su historia: lo hace en sus fachadas, en los patios de antiguos conventos, en una pieza de Talavera y, por supuesto, alrededor de la mesa.
El recorrido comienza en Quinta Real Puebla, instalado en un antiguo convento del Centro Histórico. Sus arcos y corredores conservan la memoria del inmueble, mientras el hotel funciona como punto de partida para descubrir una ciudad que se camina con facilidad y se disfruta mejor sin prisas.

A pocas calles aparece Uriarte Talavera, casa fundada en 1824, donde observar el proceso artesanal cambia por completo la forma de mirar cada pieza. Barro, esmalte, fuego y pintura a mano resumen siglos de conocimiento.
Ese diálogo entre tierra y cocina adquiere sentido durante “Del Taller a la Mesa”, experiencia de Uriarte Talavera que reúne gastronomía y artesanía. En esta edición, los chefs Eduardo Luna y Fernando Hernández llevaron a la mesa uno de los grandes protagonistas de la temporada: el chile en nogada, acompañado por vinos y coctelería mexicana.

De regreso en Quinta Real, la experiencia continúa en Tierra Mía, donde la cocina mexicana encuentra uno de sus mejores escenarios bajo la arquitectura colonial del hotel.

El viaje cambia de ritmo en Cholula. Entre el Ex Convento de San Gabriel, la Gran Pirámide y las calles del centro, Puebla revela otras capas de su historia.
El punto final llega en Milli Cocina de Maíces, proyecto de San Mateo Ozolco que trabaja con maíces criollos y productos de la milpa.

Después de recorrer talleres, conventos y cocinas, la conclusión parece sencilla: Puebla no se comprende únicamente mirando sus monumentos.
Hay que conocerla desde sus matices, sabores y colores.
No Comment! Be the first one.