La Fiesta de Colores de Bodegas Cetto 2026 reunió vino, gastronomía y tradición para dar la bienvenida a una nueva cosecha en el Valle de Guadalupe
📸: Nizaguiee Hidalgo
Hay momentos en el calendario vitivinícola que tienen algo de ceremonia y algo de celebración. La vendimia es uno de ellos pues marca el comienzo de un nuevo ciclo y recuerda que, antes de llegar a una copa, el vino comienza entre tierra, vides y manos que esperan durante meses el momento preciso de recoger la uva.
En el Valle de Guadalupe, esta tradición volvió a tomar forma el pasado 8 de agosto con una nueva edición de la Fiesta de Colores de L.A. Cetto, que este año coincidió con los 98 años de historia de la vinícola. La jornada reunió vino, gastronomía, música y algunas de las prácticas que forman parte de la cultura de la vendimia en Baja California.

La celebración comenzó al mediodía con una misa de acción de gracias y la bendición de la primera molienda, un acto que pone en perspectiva el significado de la cosecha, donde se reconoce el inicio de un proceso que terminará meses después en nuevas añadas.
Después llegó la degustación de 36 etiquetas acompañada de canapés, que permitió recorrer distintas expresiones de la producción de la casa. La propuesta también recuperó el pisado de uvas, una de las actividades más reconocibles de las fiestas de vendimia. Este año, el interés por participar llevó a duplicar el número de lugares disponibles, de 20 a 40. El pisado conserva una dimensión simbólica y es una manera sencilla y directa de acercarse a una etapa del proceso que normalmente permanece lejos del consumidor. Durante unas horas, la uva deja de ser un ingrediente abstracto para convertirse en algo que se puede tocar, observar y experimentar.

La comida continuó el recorrido en la terraza de la vinícola, desde donde los asistentes pudieron observar el paisaje del Valle de Guadalupe. La gastronomía, en este contexto, funcionó como otro punto de encuentro el vino no aparece aislado, sino acompañado por sabores, paisaje y conversación.
La celebración cerró con música en vivo. Benny Ibarra subió al escenario alrededor de las ocho de la noche y posteriormente fue el turno de Kabah, que reunió al público alrededor de algunos de los temas más reconocidos de su trayectoria. Después de aproximadamente 12 horas, la Fiesta de Colores llegó a su fin.
Pero quizá lo más interesante de una celebración como esta no está solamente en su programa. Las vendimias cumplen la función de acercar al consumidor a un momento que normalmente sucede lejos de su vista. Y es que hablar de vino puede parecer cada vez más complejo, por ello, la vendimia devuelve la conversación a algo mucho más elemental.
Esa intención de acercar el vino a públicos diversos estuvo presente también en la concepción de la Fiesta de Colores. Antes del evento, Fernando Rodríguez Cetto señaló que la degustación buscaba que los asistentes pudieran acercarse a distintas etiquetas sin sentir que necesitaban conocimientos previos para disfrutarlas. La idea era, en sus palabras, contribuir a que más personas conocieran y aprendieran sobre la cultura del vino.

Y quizá ahí se encuentra uno de los valores de las fiestas de vendimia actuales. Ya no se trata únicamente de celebrar que comienza una cosecha, sino de abrir las puertas del viñedo para que quienes beben vino puedan entender, aunque sea por unas horas, de dónde viene aquello que encuentran en su copa.
Para L.A. Cetto, la Fiesta de Colores llegó este año como parte de un recorrido que comenzó hace 98 años y que se acerca a un nuevo capítulo de su historia. Para el Valle de Guadalupe, celebraciones como esta también forman parte de una temporada en la que el paisaje, el trabajo agrícola y la cultura del vino vuelven a encontrarse.
Porque toda vendimia comienza mucho antes de levantar la copa. Empieza en el viñedo, cuando la uva está lista y el campo marca el momento de comenzar de nuevo.
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