Entre cocina de autor, naturaleza y una selección de vinos españoles, CVNE propuso una pausa lejos de la rutina en La Escapada, un rincón campestre ubicado a pocos minutos de la Ciudad de México
Quizá el verdadero lujo no consista en acumular objetos, sino en disponer de tiempo. Tiempo para salir de los caminos habituales, sentarse alrededor de una mesa, observar el paisaje y permitir que una copa acompañe la conversación sin prisas.
Bajo esta idea, CVNE dejó a un lado los formatos convencionales para construir una jornada en la que el vino no fue únicamente el acompañante de la comida, sino el hilo conductor de una experiencia concebida para despertar emociones, fortalecer vínculos y devolver la atención a los pequeños detalles.

El escenario fue La Escapada, un restaurante campestre y centro caballar que propone una relación cercana entre gastronomía, naturaleza y vida de campo. Muy cerca de Zona Esmeralda, este espacio invita a cambiar el ritmo urbano por caminos abiertos, jardines, animales de granja y una cocina inspirada en el territorio.
La tarde comenzó con un coctel creado para la ocasión: La Escapada, preparado con Cvne Semidulce, pulpa de maracuyá y naranja. Fresco, frutal y ligeramente dulce, funcionó como un cambio de habito entre la ciudad y el paisaje campestre que comenzaba a desplegarse frente a los invitados.
Uno de los momentos más memorables ocurrió antes de sentarse a la mesa. Una barra de personalización de sombreros permitió que cada asistente interviniera su propia pieza, eligiendo detalles, texturas y acabados para convertirla en un objeto único.
Más que una actividad ornamental, el sombrero se transformó en una especie de pasaporte para recorrer el lugar. Con él comenzó la caminata por la granja, entre animales de granja, hasta el centro caballar, donde los caballos se convirtieron en protagonistas de una escena que parecía distante de la vida cotidiana.
La experiencia recordaba que el campo no necesita construirse como una escenografía. Su valor reside precisamente en lo auténtico: el sonido de los animales, el contacto con la tierra, el aire abierto y la oportunidad de observar sin la urgencia de la vida citadina.
La propuesta
La Escapada encuentra inspiración en el entorno que la rodea. Su cocina de autor privilegia productos de temporada, ingredientes locales y el trabajo de productores de la región, integrándolos en preparaciones contemporáneas que conservan una conexión reconocible con su origen.
El menú de degustación preparado para la ocasión fue una lectura de esta filosofía. Cada plato buscó expresar la identidad del lugar sin caer en interpretaciones excesivamente complejas. El producto se mantuvo al centro, acompañado por técnicas precisas y presentaciones que dialogaban con el carácter campestre del espacio.
Para acompañar el recorrido, CVNE reunió vinos procedentes de distintas regiones vitivinícolas de España. Más que presentar una sucesión de etiquetas, el maridaje permitió viajar de D.O. Rioja a D.O. Rías Baixas, de D.O. Valdeorras a D.O. Ribera del Duero y, finalmente, a la D.O. cava.

La primera armonización reunió las croquetas de pulpo con Roger Goulart Brut Coral Rosé. La frescura del cava rosado, su acidez y su expresión de frutos rojos aportaron ligereza a la textura cremosa y al carácter marino del plato.
El recorrido continuó con un aguachile de camarón, acompañado por Monopole Clásico. La elegancia de este blanco de Rioja, sus recuerdos frutales y florales y su paso envolvente permitieron equilibrar la intensidad cítrica y el picante de la preparación.
Después llegó una lechuga asada con vegetales, quizá una de las propuestas más sutiles del menú. En la copa, La Val, elaborado con Albariño en Rías Baixas, aportó frescura, notas cítricas y un carácter mineral que acompañó los tonos vegetales y ligeramente ahumados del plato.
Para la pesca del día zarandeada, el maridaje elegido fue Val do Galir Godello, procedente de Valdeorras. Su perfil mineral y floral acompañó la textura del pescado y los matices tostados de la preparación sin restarle protagonismo.
La transición hacia los sabores más profundos llegó con un chamorro en salsa de cerveza de cereza, servido junto a Heredad Arano, un Tempranillo de Ribera del Duero. Sus aromas de fruta negra, cacao y café encontraron correspondencia en la intensidad de la carne, mientras su estructura sostuvo el carácter dulce, ácido y especiado de la salsa.
Para el momento del postre apareció Contino Reserva, uno de los vinos de mayor complejidad de la tarde. Su profundidad, estructura y largo final acompañaron un crocante de chocolate, creando una armonización en la que el cacao prolongó los matices tostados y frutales del vino.
El cierre reunió unos plátanos a la parrilla con dulce de leche y Roger Goulart Gran Reserva. Sus finas burbujas, junto con sus recuerdos de fruta madura y pastelería, refrescaron la intensidad del postre y concluyeron el recorrido con una sensación de equilibrio.

El lujo de disfrutar
Al final de la tarde, el valor del encuentro no se encontraba únicamente en los platos servidos ni en las botellas descorchadas. Estaba en la suma de todo aquello que, por separado, podría parecer sencillo: caminar por el campo, personalizar un sombrero, observar a los caballos, compartir la mesa y descubrir cómo un vino puede modificar la percepción de un platillo.
La Escapada y CVNE encontraron un punto de coincidencia en el respeto por el origen. Por un lado, una cocina que busca estrechar su relación con el entorno y con los productores locales; por otro, una selección de vinos que habla de regiones, variedades, tradiciones y distintas maneras de interpretar el territorio español.
Porque, algunas veces, la mejor manera de escapar no consiste en llegar demasiado lejos, sino en encontrar un lugar donde el tiempo parezca detenerse.
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